El presente artículo pretende contribuir a un breve análisis de la situación de México en sus primeros años como Estado independiente. De manera específica, la discusión se orienta a la política exterior que fue utilizada por este país en cuanto a la solicitud de préstamos y la generación de deuda externa con Europa, enfocado principalmente al caso de Gran Bretaña. Esto se realiza por medio de un método analítico de la política exterior, en donde a través de sus diferentes fases, se busca entender los diferentes factores que intervienen en la planificación de la política exterior de un Estado.
Para cumplir con los objetivos, se realiza una descripción del Estado y también la importancia de sus capacidades, así como la relevancia de las diferentes clases que lo componen y la influencia que sostienen en las diferentes etapas de planeación en la política exterior. También se otorga un espacio para analizar la situación conforme a la teoría realista que permita explicar de mejor manera las interacciones institucionales entre México y Gran Bretaña.
Finalmente se busca gestionar en cuanto a si estas políticas tuvieron alguna trascendencia o si existen factores tanto nacionales como internacionales que hayan impedido un éxito en la política exterior mexicana.
México: Estado y sus relaciones exteriores
Para entender la política exterior de México es necesario primero conocer al Estado en su interior, la razón es porque de esta forma podemos conocer el interés nacional y entenderemos la planeación de sus políticas. Pero antes nos debemos preguntar: ¿qué es un Estado? Si lo analizamos con la clásica visión jurista lo entenderíamos mediante sus tres componentes: un territorio, una población y un gobierno; y en efecto, México de una forma u otra, contaba con los tres componentes. Pero para fines de este ensayo, creemos que un Estado va más allá de estas tres características.
El Estado es una entidad compleja, en donde en un mundo con un orden capitalista, tenemos que hablar de un dominio de clases. Si hablamos de un Estado capitalista, éste deja de ser un actor neutral, esto se debe a que siempre va a obedecer a los intereses de una sola clase: la clase dominante. Son aquellas clases (terratenientes y burgueses) o fracciones (sector industrial, comercial y agrícola) los que ejercen el poder y que le dan una dirección a las decisiones que toma el Estado, claro siempre en busca de satisfacer sus intereses.
Es cierto que un Estado goza de componentes visibles como instituciones y leyes, pero también cuenta con un personal que las administra y las ejerce, es aquí donde encontramos a la llamada clase reinante que básicamente responde a los intereses de la clase dominante. Entre estas dos clases existen las llamadas relaciones de poder que principalmente buscan planificar y proteger su poder político no visible para mantener su capacidad de cumplir sus intereses de clase. Se busca aumentar su poder y fuerza de dominación sobre la clase dominada. No se puede decir que sea una relación estable o sólida ya que puede existir conflicto entre estas dos.
El fin del Estado es tener como principal función la representación política, se busca que a través de sus componentes se le dé voz a la clase dominante y a la clase dominada. Cuando hablamos anteriormente del poder político no visible, nos referimos a aquel consenso que utiliza la misma clase dominante para la explotación de la clase dominada, mientras esta clase lo acepte no habrá necesidad de utilizar la coerción para mantener un Estado estable y fuerte y evitar enfrentar a un Estado en crisis.
Esta breve descripción permite obtener las herramientas necesarias para entender el funcionamiento de un Estado. Sin embargo para el tema que nos atañe es complicado utilizarlo, esto se debe a que en los primeros años de México como país independiente, no se obedece a una planificación porque no hay una obediencia de clase. En comparación de la visión jurista de Estado, creemos que, considerando nuestra visión, no hay existencia de un Estado. Sustentado por el mercado nacional, aún no se implantaba un orden capitalista en los que su modo de producción llevara a la instauración de una clase dominante. La misma situación nos encamina al tema de la política exterior.
En la política exterior funciona de la misma forma, la planeación obedece a intereses de la clase dominante. Se planifica un proyecto de nación que determine los ejes, directrices y objetivos que persigan “intereses públicos”, aunque en la parte no visible, en realidad siguen los intereses de la clase dominante. Siguiendo con la idea de la falta de instauración de clases, no podemos hablar aún de política exterior, sino más bien de relaciones exteriores.
La política exterior es un proceso altamente complejo, derivado de intereses materiales e inmateriales, influenciado por determinantes internos y externos, caracterizado por su aplicación dentro de un ambiente altamente cambiante, conflictivo e inestable, dirigido por objetivos y metas, compuesto por una planeación estratégica que responde a una situación determinada que requiere de la voluntad y acción política y que no puede detenerse en la práctica. Conforme a todas estas variantes es necesario conocer cómo se interrelacionan estos factores para la aplicación de este proceso. Vamos a utilizar tres fases para entender el proceso de la política exterior de México con respecto a la solicitud de préstamos: la de planeación o elaboración, la de ejecución o política y por último la evaluación y control.
Etapa de planeación
El periodo que abordaremos es el de 1824 con el agitado y precario gobierno del primer presidente Guadalupe Victoria. La debilidad financiera de México fue una consecuencia de la guerra de independencia que obligó al gobierno mexicano a contratar los dos préstamos con el fin de incrementar las insuficientes rentas del erario público. Uno es conocido como la Deuda de Londres en (1824-1825).
El proceso se nutre de los deseos, discusiones, necesidades y anhelos obtenidos de la interacción entre el gobierno y la sociedad, a esto lo llamamos el interés nacional. La situación en México mostraba a un país vulnerable con una estructura social polarizada y mayoritariamente en condiciones de pobreza. No contaba con un mercado interno y le hacía falta una infraestructura, la economía se encontraba en crisis. También tenía una gran urgencia por obtener el reconocimiento de su independencia. Era claro que el interés nacional era obtener capital mediante préstamos para el desarrollo económico del país. Con ciertas sumas de pretende incrementar la actividad comercial, para fomentar la industrialización y la construcción de vías de comunicación, de esta forma estabilizar la economía, ya que ésta ponía en riesgo la seguridad del país ante amenazas de invasión de E.E.U.U. y España además de los recientes intentos separatistas del norte y la separación de las Provincias Unidas de Centroamérica.
En el medio internacional hay que recalcar la hegemonía y el predominio de Gran Bretaña que estaba en búsqueda de abrir nuevos mercados y aumentar su comercio. Después de la batalla de Waterloo en 1815, Gran Bretaña fue la nación triunfante y de hecho era la única potencia con intereses y capacidades militares transcontinentales. Tenía la flota mercante más grande del mundo y la City de Londres (distrito financiero) era el mercado de capitales más importante del planeta. Existían intereses de encontrar a gobiernos en apuros económicos que solicitaban créditos urgentes con altas tasas de interés y a largo plazo para beneficiarse y México no era la excepción.
Como consecuencia de los factores internos y externos es claro que México se encontraba en la posición de solicitar un préstamo a Gran Bretaña y este a la vez buscaba un país en urgencia de capital como México. Fue entonces que México estableció como uno de sus objetivos en las relaciones exteriores conseguir estos préstamos externos además de intentar imponer una actitud más liberal y más consecuente con el desarrollo de una libertad comercial. De acuerdo a las situaciones internas como externas se buscaría satisfacer y responder al interés nacional.
Las estrategias que utilizaría son la aplicación de negociaciones diplomáticas con Gran Bretaña en la búsqueda de préstamos y así de esta forma comenzar a crear una relación bilateral. Esta relación podría permitir superar los obstáculos que la crisis económica creaba dentro del Estado. El gobierno mexicano decidió negociar un préstamo externo en el principal mercado de préstamos, la City de Londres.
Etapa de Ejecución
En mayo de 1823, el Congresos Constitucional autorizó la negociación de un crédito por 8 millones de pesos al 5% de interés anual. Francisco de Borja Migoni, un comerciante mexicano en Londres llevó adelante las negociaciones con el banquero Goldschmidt. Sin embargo este contrato establecía que México se haría acreedor de una deuda de 16 millones de pesos que era el valor nominal de los bonos a ser negociados en la Bolsa de Valores de Londres (London Stock Exchange). Para el pago de la deuda se hipotecaría el 33% de todos los ingresos de las aduanas localizadas en el Golfo de México.
Como la negociación de Goldschmidt se llevó todo el año de 1823 y no se sabía si el acuerdo era definitivo, en la Ciudad de México se negoció otro préstamo con el banco Barclay & Richardson. Estos banquero se ofrecieron a recaudar una suma de 12 millones de pesos haciendo también a México acreedor de una deuda de 16 millones de pesos de acuerdo al valor nominal de los bonos. Para el pago de esta deuda también se establecía hipotecar con otro 33% los ingresos recabados en los puertos del Golfo.
Finalmente en 1824 la cantidad recibida por el gobierno mexicano del préstamo Goldschmidt, una vez deducidos diversos descuentos el monto no fue de 8 millones sino alrededor de 6 millones de pesos, lo que significaba una cantidad menor a la considerada útil por el Congreso
Constitucional. Por otro lado en 1825 Barclays había conseguido una suma de 14 millones de pesos, pero debido a que todavía no se pagaba la deuda con Goldschmidt, tuvo que deducir una tercera parte del préstamo, sólo se recibieron 7 millones de pesos.
Evaluación
Como resultado de las acciones en el párrafo anterior quiere decir que como resultado de los préstamos Goldschmidt y Barclays & Richardson, México contrató una deuda por 32 millones de pesos, en bonos al portador, habiendo recibido un poco más de 13 millones. Esto quería decir que en 1825 la deuda era 300% mayor de los considerado adecuado en 1823.
Ambos préstamos muestran negligencia mexicana a la hora de la negociación e intenciones de franco abuso de los banqueros ingleses. Todo esto se vuelve más despreciable cuando se observa que los préstamos fueron utilizados por el gobierno de Guadalupe Victoria en armas, barcos, uniformes, para pagar sueldos atrasados de militares y burócratas. El gobierno estaba haciendo frente a necesidades inmediatas y no lo utilizaron para promover el desarrollo económico de la república.
Existía un franco desconocimiento del funcionamiento de los banqueros ingleses, las altísimas comisiones deducidas por un sin fin de intermediarios, lo costoso de los fondos de inversión que servían como garantía de pago y el mismo idioma inglés constituía otro problema.
Ahora, también como consecuencia de este préstamo se logró el reconocimiento de la independencia de México, George Canning, Secretario de Asuntos Exteriores de la Gran Bretaña logró convencer al rey Jorge lV y al gabinete. Pero este reconocimiento no era más que con la intención de abrir puertas para los productos ingleses, ya que Canadá y E.E.U.U. ya había comenzado la exportación de sus productos a los países del Continente Americano. Pero es importante notar que estas negociaciones de préstamos le daban una soberanía a México y ejercían una autonomía respecto a España. La negociación que involucraba a estados independientes, a gobiernos legítimos y a banqueros británicos era la mejor muestra de la soberanía de que gozaban las nuevas repúblicas y México había contratado préstamos como gobierno legítimo.

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