Con el triunfo de la candidatura republicana a ocupar el puesto de titular del ejecutivo federal en los Estados Unidos de América, se vio un  cambio rotundo en las pretensiones de este país hacia el interior, con muy marcadas alteraciones hacia las acciones que se tienen hacia el exterior.

Siendo así, que el discurso del ahora presidente electo Donald Trump, se caracteriza, principalmente, por un conservadurismo reacio que busca reducir la participación Estatal de distintas áreas que otros gobiernos consideran estratégicos para la estabilidad interna. Incluso necesarias para el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.

No obstante, a pesar de que las promesas de campañas de Trump y su posterior triunfo sean calificadas a manera internacional como un “retroceso” para la cultura occidental. Lo cierto es que algunos otros gobiernos, prefieren calificarlo como un punto de inflexión que permite encontrar oportunidades de r enegociación y refuerzo en las relaciones entre ciertos países y los Estados Unidos.

El caso de México resulta muy peculiar, debido a que fue uno de los blancos principales en las declaraciones y promesas de campañas realizadas por el ahora presidente electo. Esto, no precisamente en un sentido positivo, se vislumbraban más en torno a un discurso de futuro –que no deja de ser presente- trato desigual. Asimismo, parecía ser el fin de una línea que buscaba realizar un cambio en la política migratoria estadounidenses en pro de las minorías.

El gobierno mexicano tomó medidas durante  el tiempo de las campañas electorales en el país vecino del norte. Lo que le llevó  a tomar acciones de política exterior contrarias a la línea que se había establecido desde la segunda mitad del siglo XIX. Tales como la no intromisión en asuntos domésticos de otros Estados.

Fue así, como el foco de atención se dirigió hacia las declaraciones oficiales por todos los miembros de la Administración Pública Federal en pro o en contra –generalmente eran en contra- de Trump. En los cuales, se incluye un acto de directo proselitismo durante la sesión ordinaria del jueves 3 de noviembre de 2016, en que ciertos senadores lucían playeras con el lema “Hillary for president 2016”.

A partir de este momento, se tomó a menos todas las acciones que tomaban los actores políticos mexicanos con afán de alimentar la Política Exterior de México. Llevando así la única responsabilidad al Presidente Enrique Peña Nieto para el manejo de la misma. No obstante que, dicho personaje carece de gran estima y legitimidad en el sentir de sus acciones hacia el interior de México.

Por ello, es que la marca “México” ha dejado de tener gran presencia a nivel internacional. Como la tuvo durante gran parte del siglo XX. Ante lo cual, nuestra organización desea hacer una recomendación de acciones selectivas a las que se debe limitar nuestro gobierno mexicano para trabajar la imagen que tiene nuestro Estado en su conjunto al exterior y al interior.

Uno de los puntos más importantes tocados en campaña era la cancelación o re negociación del NAFTA o TLCAN, por lo menos ofrecida por los Estados Unidos de América. No obstante, hay que recordar que no sería la primera modificación que se hace a dicho tratado. Asimismo, las condiciones que ofrece el presidente electo estadounidense para la renegociación del tratado son utilizadas como una medida de presión para un rápido acercamiento entre ambos gobiernos.

En este punto, es necesario la creación de una comisión de expertos en el tema. Hay que recordar que, aún siendo uno de los pilares para el comercio exterior, en nuestro país se encuentran muy pocos expertos en la materia, a lo mucho, existen expertos por capítulos del TLCAN, por lo que su renegociación requiere de la amplia participación de distintos actores: Académicos, profesionales, políticos, económicos, industriales, financieros, etcétera.

Asimismo, por la misma naturaleza multilateral del tratado, México debe de buscar en Canadá un aliado más que estratégico, sino necesario para ejercer contrapeso a las presiones estadounidenses. Por lo cual, debe de estar ya en negociaciones e intensos intercambios de información que permitan a ambos países reforzar sus relaciones y evitar la culminación de uno de los más grandes acuerdos internacionales del finales del siglo XX.

Para el punto de la expulsión de más de 2 a 3 millones de indocumentados ilegales que se encuentren en Estados Unidos. Se vio un cambio radical en el discurso de victoria electoral a los ofrecidos durante la campaña. Empero, uno nunca debe de confiarse en discursos ni demagogia –cosas que caracterizan al republicano- cuya calidad ponen en duda la legitimidad y la capacidad de actuación del Presidente de los Estados Unidos.

Ante tal situación, la Secretaría de Relaciones Exteriores, ha lanzado un programa de reforzamiento de sus consulados en toda la Unión Americana. Esto con el fin de proteger a sus connacionales en el país vecino ante cualquier atentado contra la libertad y los plenos derechos de los mismos.

A tal situación, agregamos la necesidad de la creación de un programa de repatriación de nuestros connacionales en los Estados Unidos. No hay que olvidar, que incluso ante la aceptación de Obama hacia las minorías hispanas, se retornaron a cerca de 3 millones durante su administración. Si eso ocurrió durante un gobierno “abierto”, ¿qué se puede esperar de uno que llegó al poder con un discurso de odio?

De ahí deviene la necesidad de reforzar las políticas migratorias dentro de México. Empero, estas no son las únicas medidas que debe adoptar el gobierno mexicano para la estabilidad en las relaciones con los Estados Unidos. Como lo dijimos antes y repetía la Canciller Ruiz Massieu: Este es un punto de inflexión que nos permite encontrar afinidades y alianzas estratégicas para diversificar las relaciones de México en el exterior.

Volver a nuestros aliados latinoamericanos, reforzar lazos con Canadá e involucrar a todos los actores de la sociedad en una sola línea de Política Exterior para el re posicionamiento de México en las Relaciones Internacionales, son sólo los primeros pasos para poder crear un escenario de estabilidad antes la fragilidad que refleja el contexto global ante la entrada de un actor en la escena internacional, bastante controvertido.